lunes, 28 de abril de 2008

El objeto de Eva-Marie

Prologo:

Desde que en ”Falty Towers” vi como John Cleese utilizó un enano de jardín para rellenar la garganta de su obrero he soñado con ser propietaria de uno.

Hoy día somos propietarios orgullosos de un ejemplar feísimo y pequeño que vive en nuestro jardín.


En agosto -06 estuvimos en Ucrania mi marido y yo con nuestros amigos Marcus y Julia. Estuvimos allí porque Marcus iba a empezar a trabajar en Kiev y quería conocer el país un poco antes de empezar a vivir allí.


Decidimos atravesar el país de Kiev hasta Krim yYalta. Hay que tener en cuenta que la gente habla y escribe en ucraniano y ruso. Pocos hablan alemán y ninguno inglés.


De Kiev a Odessa fuimos en tren, un tren donde los compartimentos más lujosos costaron 10 € para dos personas, incluido té y una acomodadora muy brusca y que se había teñido el pelo de rubia y parecía algodón de azúcar.


En Odessa nos alojamos en un hotel que era lujosísimo hace cien años y ahora es pintoresco: nos encantó.


Pero, para ir de Odessa a Yalta; ¿cómo hacer? No existe tren en este tramo y Ucrania no tiene un sistema de autobuses demasiado desarrollado. Tampoco es posible conducir uno mismo, las guías decían que “es necesario un libro para describir como conduce el ucranianoy si quieres matarte rápidamente alquila un coche”.


Entonces, los chicos se fueron a buscar un chófer. Encontraron a un hombre grande y con cara de piedra. Dijo con una voz gravísima –me llamo Anatoli, y llevo 25 años en el ejército ruso.
Tenía un Mercedes Benz y conducía como un ladrón de coches, como es habitual entre los ucranianos.


Yalta quedaba a doce horas, y Anatoli quiso llegar lo más rápido posible. Teníamos mucho miedo, pero afortunadamente había medicina contra esto, paramos en bares que servían vodka a lo largo de autopista.


( A dos horas fuera de Odessa hay un pequeño pueblo que se llama Starosjvedskaja, y si traduzco más o menos, significa Viejo Pueblo de Suecos. Quisimos pasar por allí para encontrar gente que todavía habla sueco aunque son descendientes de suecos inmigrantes del siglo dieciocho. Era una experiencia fantástica, pero a Anatoli no quería quedarse allí y estaba de mal humor, pero esto es otra historia, como la de la lata de caviar de dos kilos en un sótano de unos mafiosos chechenos.)


En mitad de la noche estábamos al principio de la península Krim. Bordeando el camino había algo que parecía un bar. Nos paramos en seguida. Había allí dos chicos en chándal estilo años ochenta que nos ofrecieron sentarnos en dos balancines forrados en plástico. Nos prepararon bocadillos y verduras en conserva, y por supuesto, vasos de vodka. En la oscuridad (recuerda que era noche) vimos algo al fondo. Eran más de 1000 de enanos de jardín. Afortunadamente teníamos una linterna, y fuimos de excursión.


Si el sentido está embotado por la situación y las copitas de vodka es una experiencia especial de deambular por la noche entre un montón enanos de plástico. Estaba
escrito en el destino, teníamos que comprar el que más se pareciese al de John Cleese.


Por eso mi marido llevó este enano bajo su abrazo a través de Europa hasta nuestro jardín, donde vive hoy.

Eva-Marie

viernes, 25 de abril de 2008

Los objetos de Ulla


En esta fotografía se ven mis primeros patines. Tenía cinco años cuando me los regalaron. Son los únicos objetos de mi infancia que tengo en mi casa. Cuando veo los patines recuerdo muchas cosas de mi infancia y ante todo los actividades que hacía con mis padres y mi hermana los domingos y luego, cuando los sábados no era días laborables, también los sábados. En invierno cuando el hielo estaba sólido y no había nieve sobre el hielo, hacíamos excursiones en patines por el lago Mälaren.) Estábamos sobre el hielo casi todo el día. Llevábamos merienda, bocadillos y chocolate caliente. Hacíamos descansos en la orilla de una isla y nos sentábamos al sol cuando tomábamos la merienda. ¡Estoy segura que siempre hacía buen tiempo! A veces mi padre hacía un fuego. Si mis pies estaban cansados mi padre me remolcaba con una cuerda. Cuando era más mayor hacíamos las excursiones en el archipiélago de Östersjön. ¡Era maravilloso cuando podíamos deslizarnos muchas kilómetros con ayuda del viento y con el sol brillando en nuestras caras! Cuando había nieve sobre el hielo esquiábamos a través del hielo y de unas islas para ir a las cuestas cerca del castillo de Drottningholm.
En los veranos también estábamos en el agua, en nuestro pequeño barco de vela. Pero eso es otra historia

miércoles, 16 de abril de 2008

El objeto de Nuria


Lo que se ve en la fotografía es una semilla de ébano (o al menos eso es lo que nos dijeron). Cuando era joven (en 1989), poco después de acabar los estudios en la universidad, hice un viaje por África. El viaje duró unos cuatro meses y atravesamos Marruecos, Argelia, Mali, Burkina Faso, Togo, Benim y Ghana en un land rover de veinte años. Éramos seis chicas y dos chicos, sólo las chicas llegamos hasta el final. Fue un maravilloso viaje pero, a veces, un poco duro. De hecho, el final del viaje fue especialmente duro: casi no nos quedaba dinero, estábamos muy cansadas, dos compañeras tenían malaria y yo disentería. Una de las últimas ciudades donde estuvimos fue Cotonú, en Benim. Una mañana fuimos a visitar un mercado de vudú (así lo llamaban allí, supongo que para atraer turistas porque me parece que el vudú es el sincretismo de las creencias africanas y cristianas en América). El caso es que era un gran mercado lleno de cosas que para nosotras eran muy extrañas pero que son fetiches que se utilizan con normalidad en las prácticas religiosas tradicionales de Benim. Casi no teníamos dinero y sólo deambulamos un poquito por el mercado. Recuerdo que yo estaba muy débil y que no me gustó nada aquello. Cuando nos fuimos de allí una compañera me mostró una semilla de ébano que se había comprado. Estaba muy contenta de su compra y me dijo que era una semilla que daba buena suerte y que todo nos iba a salir bien desde ese momento en adelante. Estoy segura de que yo la miré como si se hubiera vuelto loca. Esa misma noche le dio otro tremendo ataque de malaria y a los pocos días cogió un avión hacia España donde pasó casi un mes en el hospital.
El resto de las compañeras también volvimos a España al poco tiempo. Recuerdo que era invierno, notábamos mucho el frío y fueron tiempos difíciles: había que buscar trabajo y eso era una pesadilla en aquellos tiempos en España (sobre todo para mujeres jóvenes recién salidas de la universidad). A los pocos meses yo conseguí mi primer trabajo como profesora de español en una universidad búlgara. Hicimos una gran fiesta de despedida y mis amigas me regalaron la semilla de ébano de Cotonú. Desde entonces siempre ha estado conmigo.

Nuestra primera tarea

Nuestra primera tarea va a consistir en hablar sobre algún objeto que tenga algún significado especial para nosotr@s.