Prologo:
Desde que en ”Falty Towers” vi como John Cleese utilizó un enano de jardín para rellenar la garganta de su obrero he soñado con ser propietaria de uno.
En agosto -06 estuvimos en Ucrania mi marido y yo con nuestros amigos Marcus y Julia. Estuvimos allí porque Marcus iba a empezar a trabajar en Kiev y quería conocer el país un poco antes de empezar a vivir allí.
Decidimos atravesar el país de Kiev hasta Krim yYalta. Hay que tener en cuenta que la gente habla y escribe en ucraniano y ruso. Pocos hablan alemán y ninguno inglés.
De Kiev a Odessa fuimos en tren, un tren donde los compartimentos más lujosos costaron 10 € para dos personas, incluido té y una acomodadora muy brusca y que se había teñido el pelo de rubia y parecía algodón de azúcar.
En Odessa nos alojamos en un hotel que era lujosísimo hace cien años y ahora es pintoresco: nos encantó.
Pero, para ir de Odessa a Yalta; ¿cómo hacer? No existe tren en este tramo y Ucrania no tiene un sistema de autobuses demasiado desarrollado. Tampoco es posible conducir uno mismo, las guías decían que “es necesario un libro para describir como conduce el ucranianoy si quieres matarte rápidamente alquila un coche”.
Entonces, los chicos se fueron a buscar un chófer. Encontraron a un hombre grande y con cara de piedra. Dijo con una voz gravísima –me llamo Anatoli, y llevo 25 años en el ejército ruso.
Tenía un Mercedes Benz y conducía como un ladrón de coches, como es habitual entre los ucranianos.
Yalta quedaba a doce horas, y Anatoli quiso llegar lo más rápido posible. Teníamos mucho miedo, pero afortunadamente había medicina contra esto, paramos en bares que servían vodka a lo largo de autopista.
( A dos horas fuera de Odessa hay un pequeño pueblo que se llama Starosjvedskaja, y si traduzco más o menos, significa Viejo Pueblo de Suecos. Quisimos pasar por allí para encontrar gente que todavía habla sueco aunque son descendientes de suecos inmigrantes del siglo dieciocho. Era una experiencia fantástica, pero a Anatoli no quería quedarse allí y estaba de mal humor, pero esto es otra historia, como la de la lata de caviar de dos kilos en un sótano de unos mafiosos chechenos.)
En mitad de la noche estábamos al principio de la península Krim. Bordeando el camino había algo que parecía un bar. Nos paramos en seguida. Había allí dos chicos en chándal estilo años ochenta que nos ofrecieron sentarnos en dos balancines forrados en plástico. Nos prepararon bocadillos y verduras en conserva, y por supuesto, vasos de vodka. En la oscuridad (recuerda que era noche) vimos algo al fondo. Eran más de 1000 de enanos de jardín. Afortunadamente teníamos una linterna, y fuimos de excursión.
Si el sentido está embotado por la situación y las copitas de vodka es una experiencia especial de deambular por la noche entre un montón enanos de plástico. Estaba escrito en el destino, teníamos que comprar el que más se pareciese al de John Cleese.
Por eso mi marido llevó este enano bajo su abrazo a través de Europa hasta nuestro jardín, donde vive hoy.
Eva-Marie
1 comentario:
¡Cómo me hubiera gustado a mí participar en ese viaje! Tuvo que ser muy divertido. Y, efectivamente, el enano es todo lo feo que debe ser ;-)
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