Lo que se ve en la fotografía es una semilla de ébano (o al menos eso es lo que nos dijeron). Cuando era joven (en 1989), poco después de acabar los estudios en la universidad, hice un viaje por África. El viaje duró unos cuatro meses y atravesamos Marruecos, Argelia, Mali, Burkina Faso, Togo, Benim y Ghana en un land rover de veinte años. Éramos seis chicas y dos chicos, sólo las chicas llegamos hasta el final. Fue un maravilloso viaje pero, a veces, un poco duro. De hecho, el final del viaje fue especialmente duro: casi no nos quedaba dinero, estábamos muy cansadas, dos compañeras tenían malaria y yo disentería. Una de las últimas ciudades donde estuvimos fue Cotonú, en Benim. Una mañana fuimos a visitar un mercado de vudú (así lo llamaban allí, supongo que para atraer turistas porque me parece que el vudú es el sincretismo de las creencias africanas y cristianas en América). El caso es que era un gran mercado lleno de cosas que para nosotras eran muy extrañas pero que son fetiches que se utilizan con normalidad en las prácticas religiosas tradicionales de Benim. Casi no teníamos dinero y sólo deambulamos un poquito por el mercado. Recuerdo que yo estaba muy débil y que no me gustó nada aquello. Cuando nos fuimos de allí una compañera me mostró una semilla de ébano que se había comprado. Estaba muy contenta de su compra y me dijo que era una semilla que daba buena suerte y que todo nos iba a salir bien desde ese momento en adelante. Estoy segura de que yo la miré como si se hubiera vuelto loca. Esa misma noche le dio otro tremendo ataque de malaria y a los pocos días cogió un avión hacia España donde pasó casi un mes en el hospital.
El resto de las compañeras también volvimos a España al poco tiempo. Recuerdo que era invierno, notábamos mucho el frío y fueron tiempos difíciles: había que buscar trabajo y eso era una pesadilla en aquellos tiempos en España (sobre todo para mujeres jóvenes recién salidas de la universidad). A los pocos meses yo conseguí mi primer trabajo como profesora de español en una universidad búlgara. Hicimos una gran fiesta de despedida y mis amigas me regalaron la semilla de ébano de Cotonú. Desde entonces siempre ha estado conmigo.
2 comentarios:
¡Disentería!? !Que mala suerte! El siglo 18 era la época por esto en Europa, creo. ¿No es crónico?
Que sorpresa que los chicos no llega al final....no...//Eva-Marie
No, la disentería no es crónica. Por lo menos a mí no me ha repetido. La que sí lo es, es la malaria. Pero, normalmente, si sales de la zona donde está el mosquito que la transmite, ya no ataca mucho ;-)
Los chicos, sí, fueron los primeros en desistir. En cuanto empezaron a surgir problemas, se fueron yendo. Eso de que las mujeres somos más fuertes, debe de ser verdad. O quizá la vida nos hace más fuertes porque, en general, la tenemos más difícil que ellos ¿no?
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