Recuerdo claramente mi sentimiento cuando mi madre reaccionó fuertemente ante mi deseo de disfracarme de sireníto. En aquel tiempo a mi no me iteresó la causa de su reacción. Solamente sentí que algo motivó su rechaso. Tenía que escoger entre dos cosas; el disfraz de sireníto o el carino de mi madre. Esto me dió un miedo espantoso y me llenó de una gran tristeza.
Hoy he llegado a la conclusión de que a mi madre mi deseo de disfrazarme de sirenito le provocó una gran confusión y un miedo por mi desarollo y mi preferencia sexual. Muchas veces ella no sabía tratar los problemas cuando estaba seriamente preocupada por mi.
Mi padre casí nunca entraba en conflicto con mi madre, pero siempre me dejó sentir su apoyo. Esto por lo menos me salvó de mi desesperación más grande.
No sé como esta experiencia me ha marcado a mi, hoy no me duele más. Pero naturalmente todas las herídas dejan cicatrices y contribuyen a formar la personalidad única de cada ser humano. En el mejor de los casos mis hijos tendrán un padre comprensivo y con pocos prejuicios.
Maja E.
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1 comentario:
Me gusta mucho esa idea de que el niño tuvo que elegir entre dos cosas tan importantes como sus deseos y gustos (el disfraz de sirenito) y el cariño de su madre. Creo que efectivamente el niño lo sintió así. Y también está muy bien la idea del padre como apoyo ante esa madre que no sabía reaccionar bien ante los problemas. En tu texto, como en el de Eva, el niño ha superado el problema a los 30 años. Es lo más lógico. Pero también es cierto que todo puede dejar huella.
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